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Wittgenstein
- El
concepto de Filosofía y la noción de problema en
Wittgenstein
http://observaciones.sitesled.com/terapeutica.htm "Artículo
del Dr. Adolfo Vásquez Rocca, de la Pontificia Universidad Católica de
Valparaíso publicado en la Revista Observaciones
Filosóficas." Recomendada por Adolfo Vásquez Rocca el 28/2/2006.
- Wittgenstein;
posición ante la Ética y la
Metafísica
http://www.cibernous.com/autores/wittgenstein/teoria/wittgenstein1a.htm "Ensayo
del Dr. Adolfo Vásquez Rocca." Recomendada por Adolfo Vásquez Rocca
PH. D. el 6/3/2006.
- Wittgenstein
y el Budismo
Zen
http://observaciones.sitesled.com/tradwitt.htm "Texto
para descargar PDF, de H. Hudson, traducido por el Dr. Daniel López
Salort para Revista Observaciones Filosóficas." Recomendada
por Adolfo Vásquez Rocca PH. D. el 6/3/2006.
- Wittgenstein
en El que busca
encuentra
http://www.encuentra.com/includes/documento.php?IdDoc=2290&IdSec=410 "Artículo
de carácter general sobre Wittgenstein, en El que busca
encuentra, lugar católico de la Red." Recomendada por Jorge
Acevedo Guerra el 16/3/2006.
- Wittgenstein
y la filosofía de la religión
anglosajona
http://www.encuentra.com/includes/documento.php?IdDoc=2291&IdSec=410 "Wittgenstein
y la filosofía de la religión anglosajona es el tema abordado en este
lugar de perspectiva católica, El que busca
encuentra." Recomendada por Jorge Acevedo Guerra el 16/3/2006.
- Las
filosofías de
Wittgenstein
http://sunwc.cepade.es/~jrivera/bases_teor/episteme/autores/wittgenstein.htm "Artículo
del Prof. Dr. José Rodríguez de Rivera Universidad de Alcalá, España.
Publicado En: Materiales: Organización y Epistemología, web
de la Universidad Politécnica de Madrid. Dpto. Ciencias Empresariales,
Univ. de Alcalá de Henares." Recomendada por Adolfo Vásquez Rocca PH.
D. el 16/3/2006.
- Wittgenstein;
Mística, Filosofía y
Silencio
http://observaciones.sitesled.com/misticayfilosofia.html
"Artículo del Dr. Adolfo Vásquez Rocca publicado en Revista
Observaciones Filosóficas." Recomendada por Adolfo Vásquez Rocca
el 10/3/2006.
- Pensamiento
y Acción: la Apuesta de
Wittgenstein
http://www.hottopos.com/mirand11/jareno2.htm "Artículo
de Joaquín Jareño Alarcón, publicado en Revista Mirandum, n.º
11. Murcia." Recomendada por Adolfo Vásquez Rocca PH. D. el
16/3/2006.
- Wittgenstein,
Heidegger y la reificación del lenguaje
http://personales.ciudad.com.ar/M_heidegger/wittgenstein_heidegger.htm "Artículo
de Richard Rorty traducido por J. Vigil Rubio." Recomendada por
Adolfo Vásquez Rocca el 16/3/2006.
- El
Destino de un Genio: el Filósofo: Ludwig
Wittgenstein
http://www.elpais.es/suplementos/babelia/20010428/b4.html "Artículo
de Isidoro Reguera escrito en el suplemento Babelia, de El
País, en conmemoración del cincuentenario de la muerte de
Wittgenstein." Recomendada por Adolfo Vásquez Rocca PH. D. el
29/3/2006.
- Ludwig
Wittgenstein: aspectos pedagógicos de la Filosofía
Terapéutica
http://www.bu.edu/wcp/Papers/Cont/ContRive.htm "Artículo
de Silvia Rivera, de la Universidad de Buenos Aires." Recomendada por
Adolfo Vásquez Rocca PH. D. el 29/3/2006.
- Puentes
wittgensteinianos.
http://lexicos.free.fr/Revista/numero6articulo3.htm "Artículo
de Vicente Ulive-Schnell Doctorando en Filosofía, Universidad de
París VIII. Publicado en Revista LÉXICOS Nº 6 - 2005. En el Artículo
se refiere a una de las discusiones más habituales en la filosofía
contemporánea, a saber, aquella orientada a distinguir dos tiempos en el
pensamiento de Ludwig Wittgenstein: el llamado primer Wittgenstein,
analítico autor del Tractatus Lógico-Philosophicus y el segundo
Wittgenstein, autor de las póstumas Investigaciones Filosóficas. En ese
sentido, la postura más plebiscitada se centra alrededor de la
distinción que parece separar dos métodos filosóficos, dos libros, hasta
dos filósofos si se quiere. El autor muestra cómo tal distinción - entre
un primer Wittgenstein? y un segundo Wittgenstein- se me revela
ficticia, maniquea y, lo peor de todo, un obstáculo para la comprensión
del sentido unitario de la Filosofía wittgensteiniana." Recomendada
por Adolfo Vásquez Rocca PH. D. el 19/4/2006.
MATEMATICAS Y ESTRUCTURA DE LA
NATURALEZA
Miguel de Guzmán
Universidad Complutense de Madrid
mdeguzman@bitmailer.net
ABSTRACT
Starting from the Pythagorean view of mathematics as a way to explore
the "roots and sources of nature" the paper considers some contrasting
views of the different modern conceptions of the mathematical activity
(Russell's formalism, Gödel's realism,...) in order to substantiate the
author's opinion about mathematics as a permanent attempt to render an
ever more faithful approximation to reality, trying finally to suggest an
explanation of the mind's openness to infinity.
Matemáticas y... Estructura de la Naturaleza?
Matemáticas, todos lo sabemos, es 2+2=4, log 2=0'301030...,
tgx=senx/cosx, pi= 3'14... es la razón entre el perímetro y el diámetro de
una circunferencia, dos triángulos son semejantes cuando..., qué pueden
tener que ver tales cosas nada menos que con laestructura de la
naturaleza? Ni siquiera a los matemáticos normales les oímos nada
sobre tal relación! Que tenga que ver con la tecnología, con los cálculos
relacionados con la construcción de un satélite que ha de viajar al
espacio, pase, pero con... la estructura de la naturaleza! No
estaremos delante de una exageración, una tremenda hipérbole, o tal vez
ante una estrategia de propaganda en favor de algo tan abstruso como las
matemáticas que necesita disfrazarse para encontrar cierto prestigio o al
menos cierta comprensión en la gente crédula? No serán quimeras de
iluminado?
Mi intención, con las consideraciones que siguen, es tratar de ayudar a
contemplar la matemática bajo la misma luz con la que durante muchos
siglos muchas personas la han considerado. Es cierto que nosotros mismos,
los profesionales de la matemática, una gran mayoría, nos hemos vuelto
bastante prosaicos en nuestra propia concepción de lo que la matemática
representa. Para una gran parte de nosotros la matemática es una especie
de herramienta, más o menos complicada, pero muy potente para manejar bien
ciertos problemas prácticos, o bien una serie de elucubraciones que la
tradición nos ha entregado y que, no sabemos muy bien por qué razón, viene
bien que transmitamos a los más jóvenes.
Pero hubo un tiempo, en el nacimiento mismo de la matemática tal como
hoy la concebimos, hace más de 25 siglos, a finales del siglo 6 a. de C.,
en que todo esto fue muy diferente. Para la comunidad de los pitagóricos,
en cuyo seno fue gestada la matemática al modo que hoy la cultivamos, el
pensamiento matemático era la escala hacia la comprensión del universo,
hacia el conocimiento de "las raíces y fuentes de la naturaleza", como se
expresan frecuentemente los documentos del pitagorismo primitivo
conservados y esta era su función más importante.
La estela del pitagorismo en la historia de la civilización humana es
bien patente, especialmente en la del pensamiento occidental, con Platón
actuando como influyente transmisor del pensamiento pitagórico. A lo largo
de la historia unas veces se manifiesta de forma bien explícita, como en
el propio Platón, los neopitagóricos, los neoplatónicos, la Kabala,
Galileo, Kepler,... y otras más implícitamente, por ejemplo en el mismo
fundamento de nuestra actual concepción científica, a través del
pensamiento básico de que el universo en que vivimos es un cosmos
ordenado, no un caos, es un mundo inteligible mediante la luz de la razón,
y en muchos aspectos a través de la razón matematizante.
Los pitagóricos: de los números a la divinidad
El siguiente testimonio puede resultar, en una primera consideración,
un tanto chocante para los que vivimos acostumbrados a la concepción
prosaica de la matemática, que somos la mayor parte de nosotros. Proviene
de un pitagórico del siglo 4 a. de C., Filolao, y constituye una especie
de himno entusiasmado al número.
Grande, todopoderosa, todoperfeccionadora y divina
es la fuerza del número,
comienzo y regidor de la vida divina y humana,
participante de todo.
Sin el número todo es confuso y oscuro.
...
Porque nada de las cosas nos sería claro
ni en su mismo ser ni en sus relaciones mutuas
si no existiera el número y su esencia.
El es quien armoniza en el alma
las cosas con su percepción
haciéndolas cognoscibles y congruentes unas con otras
según su naturaleza,
proporcionándoles corporeidad.
(Filolao, Diels,B.11)
La idea fundamental que aquí se expresa es la concepción presente en la
base del pitagorismo de todos los tiempos. Para la comunidad pitagórica
primitiva, ya desde los tiempos de Pitágoras mismo, cuya vida ocupa casi
todo el siglo 6 a. de C., el orden y armonía del universo, que son objetos
de contemplación, y a la vez modelo y espejo de lo que debe ser el
comportamiento humano, se hacen especialmente diáfanos a través del número
y sus proporciones. En este sentido es, probablemente, como hay que
entender la afirmación del mismo Aristóteles según la cual para los
pitagóricos "el número era la esencia de las cosas".
Cómo llegó Pitágoras a esta percepción profunda que ha sido capaz de
iluminar una buena parte de la vida intelectual de los 25 siglos que de él
nos separan? Cómo es posible que su idea haya calado tan profundamente en
el pensamiento humano hasta convertirse en el centro de vida de todo un
movimiento científico-filosófico-religioso que ha perdurado de forma
organizada durante unos cuantos siglos y que hoy mismo ejerce una
influencia y una fuerza de atracción tan poderosa como tendremos ocasión
de ver?
La iluminación fundamental de Pitágoras está sostenida sobre tres
constataciones que él tuvo ocasión de realizar, sobre todo a lo largo de
sus viajes de estudio por los países de sabiduría milenaria de Mesopotamia
y Egipto.
1) Del legado babilonio y egipcio Pitágoras había aprendido que los
movimientos de los astros están gobernados por leyes numéricas.
2) Sobre todo a través de los desarrollos geométricos de los egipcios
Pitágoras sabía también que las formas de las figuras geométricas se
ajustan a los números y sus proporciones.
3) Parece estar bastante bien documentado que Pitágoras tuvo ocasión de
comprobar, a través de experimentos realizados por sí mismo, posiblemente
a través del monocordio, un instrumento sonoro con una sola cuerda, que
la armonía de los sonidos está regida por los números.
De estos tres hechos, con una audaz extrapolación propia del verdadero
genio que era, Pitágoras dedujo que todo en el universo está regido por
el número, y mediante él llegamos a las raíces y fuentes de la
naturaleza.
Para Pitágoras la matemática (el número) se dirige en realidad a la
exploración del universo entero, en primer lugar hacia la estructura de lo
cercano, de lo sensible, pero también hacia la estructura de la mente,
incluso constituye un modo de acercamiento a la divinidad.
Esta sorprendente iluminación de Pitágoras es comentada como sigue por
Alfred N. Whitehead, al final del primer capítulo de su obra Science in
the Modern World (1925):
Verdaderamente Pitágoras, con su fundación de la filosofía y de la
matemática europeas, las dotó con la más afortunada de las conjeturas.
O acaso fue un resplandor de genio divino que penetró hasta la
naturaleza más íntima de las cosas?
Tal fundación de la filosofía y de la matemática europea no tuvo lugar
como un fenómeno singular e individual, sino a través de lo que ha sido
sin duda uno de los movimientos intelectuales más influyentes y duraderos
en la historia del pensamiento humano. La comunidad de índole
filosófico-científico-religiosa que se creó alrededor de Pitágoras en la
Magna Grecia (situada al sur de lo que ahora es la península italiana, y
que comprendía ciudades libres tales como Crotona, Tarento,...) alcanzó
una fuerte identidad que la hizo perdurar por varios siglos alrededor de
unas creencias que resume así Dicaiarcos, un discípulo de Aristóteles, en
el siglo 4 a. de C. (lo narra Porfirio, neoplatónico del siglo 3 d. de
C.):
(1) Que el alma es inmortal.
(2) Que las almas cambian su lugar, pasando de una forma a otra
(metempsicosis).
(3) Que todo lo que ha sucedido retorna en ciertos ciclos y que no
sucede nada realmente nuevo (eterno retorno).
(4) Que hay que considerar todos los seres animados como emparentados
entre sí.
Trataremos a continuación de examinar los aspectos que han perdurado a
través del tiempo de la visión interesante y profunda de los pitagóricos.
Qué hay de válido en el fondo de la concepción de la matemática de los
pitagóricos?
Qué se puede pensar sobre la iluminación pitagórica después de 25
siglos de evolución ascendente de la matemática? La descripción general
del quehacer matemático que se expone a continuación podría ser compartida
sin problemas, pienso yo, por la mayor parte de los matemáticos
contemporáneos. Como veremos, incorpora algunos de los rasgos de la
intención de los pitagóricos. Cuando más adelante descendamos a la
interpretación, un poco más detallada, del significado de esta actividad,
entonces es cuando deberemos hacer notar las divergencias existentes entre
los mismos matemáticos de la actualidad.
La matemática es una exploración de ciertas estructuras complejas de la
realidad que, mediante un proceso de simbolización adecuado de los objetos
a los que se acerca, y mediante una manipulación racional rigurosa de
ellos, se dirige hacia un dominio efectivo de dicha realidad.
Las estructuras complejas de la realidad que en un principio trató de
explorar la actividad matemática fueron las relacionadas con la
multiplicidad y con el espacio, las dos estructuras básicas con las que el
hombre se enfrenta de una forma espontánea y apremiante. De la intención
racional de conseguir el dominio de estas realidades surgieron la
aritmética y la geometría. Esta es la razón de que, en un
principio, y por mucho tiempo, la matemática fuera definida como la
ciencia del número y de la extensión.
Pero cuando las herramientas conceptuales de la matemática iniciales,
número y geometría, fueron haciéndose más sofisticadas, cuando los
instrumentos materiales de observación de otro tipo de estructuras de la
realidad fueron perfeccionándose, y cuando se despertó la motivación
suficiente para tratar de dominar otras regiones de la realidad material o
conceptual, la mente matematizante fue creando otros sistemas adecuados
para lograr el señorío de tales estructuras. Así es como nacieron, por
ejemplo,
el álgebra, como símbolo del símbolo, es decir como un
intento simplificador, a través de la introducción de nuevos modos de
simbolización, de las relaciones de la aritmética,
el análisis matemático, fruto en un principio de la
exploración del cambio físico en el tiempo y del estudio cuantitativo de
la relación causa-efecto cuando ésta es suficientemente simple de
analizar,
la probabilidad y la estadística, que encuentran modos de manejar
cuantitativamente el azar, es decir aquellas situaciones en las que las
causas que en ellas influyen son tantas y tan complejas que la mente
matematizante ha de renunciar a examinar el influjo aislado de cada una
para explorar de otro modo la influencia global de todas ellas,
la lógica matemática, que trata de explorar de modo riguroso las
estructuras de funcionamiento deductivo de la misma mente cuando se ocupa
de
temas en los que tales estructuras son susceptibles del proceso de
simbolización y manipulación rigurosa que llamamos matematización,...
El avance de la matemática, como vemos, tiene lugar, en extensión, a
medida que la mente humana se va encontrando capacitada y provista de las
herramientas adecuadas, conceptuales y materiales, para explorar nuevos
campos de la realidad, ya sea externa o interna, y este proceso parece que
nunca llegará a su fin, dada la extrema complejidad del mundo real, que
siempre va ofreciendo nuevos retos a la mente con intención
matematizante.
En tiempos recientes, gracias a la disponibilidad de un gran cúmulo de
herramientas conceptuales nuevas, en torno fundamentalmente al análisis
matemático, y gracias también a la presencia de la revolucionaria
herramienta que constituye el ordenador, ha surgido la posibilidad de
iniciar, a través de la teoría de los sistemas dinámicos, la
exploración de los fenómenos de la naturaleza que no son lineales (es
decir el efecto no es proporcional a la causa, sino por ejemplo al
cuadrado de la causa), y esto ha abierto una ventana para contemplar de
cerca lo que se suele denominar caos matemático.
Un reto que se perfila para el futuro, en el que en nuestro tiempo han
comenzado los primeros balbuceos, consiste en la exploración, mediante
nuevas herramientas matemáticas, del funcionamiento global de la mente
humana, del problema, por ejemplo, de encontrar explicaciones al fenómeno
de la conciencia refleja, es decir al modo en que la mente conoce que
conoce.
El proceso de matematización:
un camino de ida y vuelta entre la realidad y las ideas.
Hasta aquí hemos tenido ocasión de contemplar cuál es el sentido del
quehacer matemático, es decir qué es lo que con eso que hemos llamado
matematización se pretende. Vamos ahora a examinar un poco más
profundamente cómo tiene lugar tal proceso, cuáles y cómo son las fases a
través de las que la mente procede a la matematización.
Cómo es propiamente el proceso de matematización? A grandes rasgos se
pueden distinguir las siguientes etapas:
1) la mente se acerca a la realidad con intención
matematizante
es decir, colocada ante una realidad tal vez muy compleja la mente se
encuentra motivada y suficientemente provista de instrumentos adecuados
para acercarse a ella y comenzar a analizarla, es decir a descomponerla en
sus elementos más simples, a prescindir de multitud de aspectos de esa
realidad que son los causantes de su extraordinaria complejidad, a
quedarse con unos cuantos que le parecen más propicios para empezar a
practicar sobre ellos el ejercicio de simbolización e introducción en las
redes y estructuras de sus conocimientos ya familiares a fin de aplicarles
a ellos los útiles matemáticos que ya posee o de crear otros nuevos más
idóneos para lo que le ha quedado de la realidad que se ha propuesto
analizar. En otras palabras, abstrae, simplifica, modeliza, pero también
hay que decirlo, mutila la realidad para tratar de entenderla, al menos
parcialmente.
2) el matemático desarrolla el propio modelo mental que ha
creado
guiada la mente unas veces por el deseo de resolver los problemas
prácticos que condujeron a la creación del modelo, otras veces motivada
por un cierto placer estético de exploración de los problemas que el
modelo mismo le propone de forma natural,... la mente va desarrollando, en
ocasiones incluso con una extensión y profundidad que pueden parecer poco
razonables, un edificio conceptual que, según confía, puede ayudarle a
entender mejor la realidad misma que inició su construcción
3) la mente vuelve a la realidad de partida con los resultados
que sus construcciones le ofrecen, a veces realizadas sin
pretensión alguna de aplicación a la realidad, y... observa con
sorpresa su adecuación a ella, a veces perfecta!
tal ha sido la situación en muchos casos de la historia del desarrollo
de la matemática, tanto en tiempos antiguos como recientes; un caso bien
conocido y que no necesita mucho comentario es el profundo desarrollo de
la teoría de las cónicas en la matemática griega clásica, que tiene su
origen en la curiosidad geométrica por saber cómo son las posibles
secciones de un cono y que, llevado adelante con un alarde extraordinario
de técnica por Apolonio en el siglo 3 a. de C., en buena parte por puro
placer estético, encontró en el siglo 17, con Kepler y sus tres leyes
sobre el movimiento de los planetas, una culminación digna de esta bella
construcción teórica sobre las cónicas.
Este extraño camino, contacto inicial con una realidad, abstracción de
unos cuantos aspectos de ella, construcción de todo un edificio mental por
motivos que pueden ser tan variados y aterrizaje sobre la realidad
inicial, que parece adaptarse a las construcciones realizadas, le deja a
uno con una sensación semejante a la que uno cualquiera de nosotros
experimentaría en la situación siguiente. Un buen día, basado en unos
pocos detalles que conozco de la vida de una persona, me decido a escribir
una novela sobre ella. Después de haberla escrito toda ella, con multitud
de detalles, que yo considero ficticios, llego a conocer a tal persona...
y me entero de que mi descripción se ajusta, punto por punto, a la
realidad! Por su puesto que mi asombro sería enorme.
No es de extrañar que este misterio de la adecuación de nuestra teoría
a la realidad haya dejado perplejos a muchos de los científicos que han
reflexionado sobre ella. He aquí tres testimonios llamativos. El primero
pertenece a E. Wigner, gran físico que recibió el premio Nobel en 1963, en
un famoso artículo que lleva el significativo título La irrazonable
efectividad de las matemáticas en las ciencias naturales:
El milagro de la adecuación del lenguaje de las matemáticas para la
formulación de las leyes físicas es un don maravilloso que ni entendemos
ni merecemos. Deberíamos mostrarnos agradecidos por él y esperar que
permanezca siendo válido en la investigación futura y que se extienda,
para bien o para mal, para placer nuestro, aunque también tal vez para
nuestra perplejidad, a ramas más amplias del saber.
(E.P.Wigner, The unreasonable efectiveness of mathematics in the
natural sciences, 1960)
El segundo testimonio pertenece a N. Bourbaki, seudónimo bajo el que un
célebre colectivo matemático, con su obra Élements de Mathématique
a partir de los años cuarente, alcanzó enorme influencia en el desarrollo
de la matemática reciente:
Que existe una relación íntima entre los fenómenos experimentales y las
estructuras matemáticas parece confirmarse plenamente de la forma más
inesperada mediante los descubrimientos más recientes de la física
contemporánea. Pero no sabemos absolutamente nada sobre los fundamentos de
este hecho (suponiendo que se pudiera encontrar realmente significado a
estas palabras) y tal vez no lleguemos a saber nunca sobre ello.
(N.Bourbaki, L'Architecture des Mathématiques, 1948).
Bourbaki se refiere a los avances espectaculares de la física en torno
a la relatividad, partículas elementales,... Parecía en aquel tiempo como
si los instrumentos matemáticos ya creados casaran perfectamente para
explicar una realidad que no tenía nada que ver con la motivación y los
orígenes de tales instrumentos.
El tercer testimonio interesante proviene del mismo A. Einstein,
artífice en buena parte de los avances en física a los que aludía Bourbaki
anteriormente:
Aquí aparece un rompecabezas que ha perturbado a los científicos de
todos los tiempos. Cómo es posible que la matemática, un producto del
pensamiento humano,que es independiente de la experiencia, se ajusta tan
excelentemente a los objetos de la realidad física? Puede la razón humana
sin experiencia descubrir con su puro pensar propiedades de las cosas
reales?
(A. Einstein, Sidelights of Relativity)
El problema efectivamente asombra a cualquiera que a él se asome y, en
el fondo, no es otro que el de la relación mente-mundo, sobre el que tanto
han elucubrado filósofos y científicos de todos los siglos. Cuál es la
relación de nuestra mente con la realidad? En qué consiste propiamente
conocer?
Desde el campo propio de la filosofía se han dado muchas respuestas
diferentes y aun diametralmente opuestas a este problema, lo cual no es
muy sorprendente, dada la naturaleza tan compleja de la pregunta.
Parecería que en la matemática, donde hemos construído un mundo que parece
más a medida de nuestra propia mente, la situación debería aparecer más
clara. Cuál es la relación matemática-realidad que hace posible esta
situación misteriosa? Como veremos enseguida, tampoco los matemáticos que
más han reflexionado sobre ello están de acuerdo.
Respuestas al enigma: realismo y formalismo frente a frente?
Para obtener una primera visión de la confrontación de que hablamos se
pueden considerar dos testimonios muy importantes y bien representativos
de las dos concepciones enfrentadas.
La postura calificada como formalista(la forma de
nuestras afirmaciones es lo determinante en matemáticas)se puede
entender a través de las siguientes palabras de B. Russell con las que él
describe el quehacer matemático:
La Matemática Pura consiste enteramente en tales aseveraciones como la
consistente en que, si esta y esta otra proposiciones son verdaderas
acerca decualquier cosa entonces estas y estas otras proposiciones sobre
esa cosa son verdaderas. Es esencial no discutir si la primera proposición
es realmente verdadera y no mencionar qué es esa cualquier cosa de la que
se supone que es verdadera...
...Si nuestra hipótesis es acerca de cualquier cosa y no
acerca de una o más cosas particulares, entonces nuestras deducciones
resultan ser matemática. Por lo tanto la matemática se puede definir como
el campo en que nunca sabemos de qué estamos hablando ni si lo que decimos
es verdadero.
(Bertrand Russell, Recent Work on the Principles of Mathematics,
International Monthly 4 (1901)).
las que Russell alude, de las que se pueden afirmar (se suponen
verdaderas) tales y cuales proposiciones (aunque en realidad no es
necesario ni nos debe importar que sean verdaderas o no). Las reglas de
combinación de esos objetos son en el caso de la matemática las reglas
deductivas, es decir las reglas por las cuales de unas cuantas
afirmaciones se siguen lógicamente otras.
Es conveniente hacer notar que Russell se refiere aquí explícitamente a
lo que el llama MatemáticaPura, un término del tiempo en las
universidades británicas que no incluía los desarrollos matemáticos
relativos a las aplicaciones. Y también viene bien recordar que él y
A.N.Whitehead intentaron llevar a cabo con los Principia
Mathematica (1910-1913) un proyecto titánico interesante con el que
se pretendía derivar la matemática a partir de la lógica. La descripción
de Russell bien puede corresponder a dicho intento, pero lo discutible, y
por muchos rechazado, es que eso constituya el quehacer propio de la
matemática. A mi parecer se podría decir que la descripción de Russell se
adapta de algún modo a lo que es el mero juego deductivo de la matemática
o de cualquier otro sistema hipotético-deductivo, pero no a lo que ha
constituído propiamente el quehacer matemático de todos los tiempos. Creo
que serían pocos los matemáticos del pasado, e incluso del presente, los
que estarían seriamente de acuerdo con la afirmación de que su quehacer
matemático es un mero juego deductivo cuya relación con la realidad es
mejor dejar a un lado.
En los tiempos actuales, la concepción opuesta, que se denomina
realismo matemático, se puede entender bien, en una primera
aproximación, a través de las siguientes palabras de K. Gödel, autor de
algunos de los trabajos más importantes en la matemática de todos los
tiempos en relación con la comprensión de lo que la matemática significa
desde el punto de vista filosófico. Al final de una importante
conferencia, la conferencia Gibbs, en 1951, Some basic theorems on the
foundations of mathematics and their philosophical implications,
proclamaba bien abiertamente su propia concepción de la
matemática:
...la concepción platónica es la única sostenible. Con ello me refiero
a la concepción de que la matemática describe una realidad no sensible,
que existe independientemente tanto de los actos como de las disposiciones
de la mente humana, y que sólo es percibida por ella, aunque probablemente
de forma incompleta. Esta concepción es más bien impopular entre los
matemáticos, aunque algunos de los grandes la han adoptado, por ejemplo
Hermite, que escribió una vez lo siguiente:
'Existe, si no me equivoco, todo un mundo que es el conjunto de las
verdades matemáticas, al que no tenemos acceso más que por la
inteligencia, al igual que existe el mundo de las realidades físicas;
ambos son independientes de nosotros y de creación divina.' "
(K.Gödel, Ensayos inéditos, Edición a cargo de F. Rodríguez
Consuegra, Mondadori, Madrid, 1994, p.169)
Esta conferencia de Gödel, que ha permanecido inédita hasta hace tres
años, como la mayor parte de sus escritos filosóficos, frutos del trabajo
de más de 40 años de intensa dedicación a las implicaciones filosóficas de
sus propios resultados matemáticos, destaca su concepción
pitagórico-platónica de la matemática, frente a las tendencias formalistas
muy dominantes en la época en que fue pronunciada. La expresión de Gödel
es bien explícita y, con toda probabilidad escogió con sumo cuidado todas
y cada una de sus palabras, a juzgar por su forma de trabajar, en
constante duda y replanteamiento de los pensamientos que iba elaborando,
como queda bien patente en lo que va apareciendo publicado de todos los
escritos muy elaborados que dejó inéditos.
Formalismo y realismo son dos concepciones muy distintas de lo que el
quehacer matemático significa. Esto no quiere decir que tal escisión
interna inquiete mucho a la comunidad matemática. La mayor parte de los
matemáticos actuales consideran que tienen ante sí una tarea
suficientemente atrayente y complicada al tratar de resolver los problemas
concretos que se van generando de forma natural con el desarrollo de su
propio campo y dejan como responsabilidad de quienes se ocupan de explorar
los fundamentos de la matemática los temas que no son de índole técnica,
sino más bien de sabor filosófico. Piensan que en realidad tales problemas
no afectan en absoluto la belleza ni la utilidad del juego que la
comunidad matemática desde hace milenios viene practicando.
Pero parece una actitud más razonable tratar de interesarse por este
tipo de problemas al menos hasta el punto de poder formarse una idea
propia bien fundamentada sobre el sentido y el alcance de la actividad a
la que cada uno de nosotros está dedicado. Esto es, por otra parte, bien
útil a fin de no quedar atrapado por los muchos prejuicios alrededor de la
ciencia, y en particular alrededor de la matemática misma, que nos pueden
impedir contemplar con objetividad el lugar que nuestra actividad ocupa en
el desarrollo de una cultura más plenamente humana. La matemática
participa de muchos de los aspectos del juego, pero no es solamente un
juego, sino también una ciencia, un arte intelectual creador de una
belleza peculiar, uno de los ejes fundamentales de la cultura, con un
lugar muy central en ella y una responsabilidad muy especial en su
correcto desarrollo. Trataré a continuación de exponer sucintamente unas
cuantas observaciones propias en torno al triángulo
realidad-mente-matemática que tal vez puedan ayudar a otros a formarse su
propia opinión sobre el problema.
Una explicación plausible: la aproximación permanente del quehacer
matemático hacia la realidad.
A mi parecer se puede concebir el sentido del quehacer matemático como
una aproximación hacia la realidad, aproximación cada vez más sutil
mediante la construcción de esquemas mentales que tratan de explicar de
modo más adecuado aspectos nuevos de la misma realidad o bien aspectos ya
considerados por etapas anteriores que resultan ser problemáticos y aún
inabarcados por nuestra comprensión. La matemática surge de la interacción
continua de la mente con la realidad, del modo que señalaré en seguida.
En primer lugar quisiera dejar claro que por realidad no quiero
significar solamente el mundo externo, el mundo perceptible por nuestros
sentidos y cuantificable mediante nuestros instrumentos de medida, sino
también el mundo mental, el universo conceptual que el matemático va
estructurando, ya que es claro que la matemática se va construyendo
también tomando como objeto de su consideración el edificio mismo de los
objetos que ya ha construído.
Pero sí que es cierto que las realidades iniciales de partida sobre las
que la mente matemática inició su exploración fueron las realidades
sensibles a su alrededor. Como he indicado antes, las estructuras de
multiplicidad y las estructuras espaciales presentes para nosotros en
nuestra primera percepción de ellas dieron lugar a las primeras formas de
matematización, aritmética y geometría.
Cómo? Tal vez se puedan señalar en el proceso unas cuantas etapas. El
hombre capta las realidades externas directamente mediante sus sentidos,
pero en cierto modo el magma caótico que podrían resultar sus percepciones
se le comienza a hacer transparente ya desde el principio para su mente
gracias a que sobre ellas lanza sus redes y esquemas conceptuales. La
percepción sensorial del hombre no es previa en el tiempo a la percepción
intelectiva, sino coincidente con ella. Juntamente con su percepción
sensorial el hombre percibe relaciones de similitud, diferencia, formas,
situación,... entre las cosas. Es capaz de iniciar un proceso de
matematizaciónen sobre ciertas estructuras básicas de la realidad en el
sentido indicado anteriormente (simbolización, manipulación racional,...).
Sus trucos iniciales que en un principio pudieron ser bien toscos se
convierten en esquemas más sofisticados que le proporcionan un cierto
éxito.
Por ejemplo, el hombre afronta la multiplicidad, presente en las cosas
y también, de una manera más sutil, en la propia conciencia de
repetibilidad de su yo mismo, es decir de su misma unidad interna. Idea el
número como instrumento adecuado para manejar esa multiplicidad de las
cosas mediante unas cuantas hipótesis razonables. A través de esta
estructura mental llega a dominar aspectos simples de la realidad
subyacente.
Los éxitos conseguidos le hacen más audaz. Se atreve con aspectos más
complicados y sofisticados de la realidad que observa y de las estructuras
que se ha ido creando. Por ejemplo, en relación con el número, se forja
conjeturas tal vez aventuradas, como la de los pitagóricos que ya hemos
contemplado, según la cual el universo entero está regido por los
números naturales (1,2,3,4,...) y por las proporciones entre ellos.
Aparecen situaciones que resultan confusas y paradójicas. Con respecto
a la concepción del número entre los pitagóricos surgió la presencia del
número irracional y el mundo se les vino abajo. Los esquemas iniciales que
la mente matemática había esperado que pudieran explicar adecuadamente la
realidad para la que se habían construído resultan ahora demasiado simples
y estrechos para seguir explicando aspectos nuevos que han surgido o bien
insuficientes para poder dar cuenta, como esperaba, de situaciones más
abiertas. Es necesario revisar tales concepciones.
Esta revisión no se realiza inmediatamente, no se sabe bien cómo
hacerlo, y por ello no se percibe a veces, en el desarrollo de la
matemática, como un avance, sino más bien como un fracaso, como una
profunda crisis, como sucedió en el caso de la irrupción del número
irracional entre los matemáticos pitagóricos. Sólo a posteriori podrá ser
contemplada como una crisis de crecimiento, cuando, después de reparado el
edificio y con una cierta visión panorámica, se deshaga la comunidad
matemática de los prejuicios que le habían inducido a aceptar como buenas
las ideas y expectativas que en realidad no tenían un fundamento adecuado.
La realidad acaba por imponerse.
En esta interacción con la realidad, con la estructura de la
naturaleza, la matemática va desarrollándose, profundizando y abarcando
campos más amplios. Esta situación apunta, a mi parecer, a la existencia
en la mente humana de una cierta plasticidad, también en este terreno
aparentemente tan rígido del pensamiento matemático.
La mente se acerca a la realidad para matematizarla y se construye
ciertos trucos mentales, incluso en ocasiones esquemas axiomáticos bien
sofisticados que, ya que de momento le van bien, incluso a veces
sorprendentemente bien, los da por perfectamente adecuados y piensa que
abarcan y se ajustan a la realidad entera, dominando plenamente los
aspectos de ella a los que se dirigen. Piensa que esas configuraciones de
su mente que con esfuerzo ha realizado se adaptan plenamente a la
realidad, piensa que son las leyes a las que la misma realidad se ajusta..
Pero tal vez no tiene en cuenta que sus esquemas fueron abstracción y
mutilación de la realidad y que de ella pueden surgir, cuando trate de
enfrentarse con nuevas preguntas y problemas, aspectos que ya no son
dominados por tales esquemas.
Cuando estos aspectos surgen, en muchas ocasiones manifestados por la
presencia de situaciones paradójicas, la mente se encuentra en un
principio sacudida, las cosas no casan con sus expectativas, pero no tarda
en encajar la convicción que se le impone de que las cosas no son como
pensaba y que tiene que aceptar la realidad tal cual es. Vuelve a
construirse nuevos esquemas, nuevos trucos, cambia de sus axiomas aquellos
que piensa que le van a venir bien para que el nuevo sistema que construye
se adapte a todas las situaciones que en ese terreno sabe ahora que se
dan.
En mi opinión la matemática surge de esta interacción continua entre la
mente y la realidad. La realidad posee su estructura, por supuesto. La
realidad es como una filigrana de estructura extraordinariamente fina que
actúa como un estímulo necesario para que, en la interacción
mente-realidad, surja el edificio conceptual de la matemática. La mente se
acerca a ella y se adapta a esa realidad, en un intento que parece
suficiente para los problemas simples con los que se ocupa al comienzo,
mediante los esquemas que crea. Tales esquemas no tienen por qué coincidir
enteramente con los de la realidad. Son aproximaciones a ella, pero nunca
acabarán por abarcarla toda, como más adelante veremos.
Por supuesto que algunas de estas estructuras conceptuales
fundamentales tendrán una solidez permanente, 2+2 siempre serán 4, pero
puede haber finezas, explícitas o implícitas, en esa forma inicial de
acercamiento a la realidad que no parecen importantes para los problemas
más básicos, pero que afloran cuando las preguntas se hacen más
sofisticadas.
La aritmética de los números naturales no parece presentar problemas de
fondo hasta que la mente se encara con otras preguntas que nos colocan en
una cierta encrucijada. Por ejemplo, si consideramos por un lado todos los
números naturales (1, 2, 3, 4,...) y por otro todos los números pares (2,
4, 6, 8,...), nos podemos preguntar legítimamente: dónde hay más, en el
primer conjunto o en el segundo? Por una parte parece claro que, como
todos los pares son naturales y el 3, por ejemplo, es natural y no par,
uno debería responder que los naturales son más. Pero por otra parte es
claro que cada número par, por ejemplo 28, se puede emparejar con su
mitad, aquí 14, y de esta manera los elementos de los dos conjuntos quedan
emparejados uno a uno, sin que sobren números naturales ni números pares,
cada oveja con su pareja. De modo que hay tantos pares como naturales.
Esto es lo que constituye una de las paradojas importantes de los números
naturales (paradoja de Galileo), detrás de la cual está la antiquísima
polémica sobre el infinito potencial y el infinito actual. El
enfrentamiento matemático de forma sistemática con situaciones semejantes
tuvo lugar a finales del siglo 19 con G. Cantor y dió lugar a una
expansión considerable del ámbito de la matemática, con la creación de la
teoría de conjuntos.
Con respecto a paradojas semejantes a la mencionada de Galileo y otras
más profundas que aparecieron en la teoría de conjuntos y en los
fundamentos básicos de la matemática, Gödel pensaba que lo que sucede es
que la teoría de conjuntos es algo que tiene realidad propia, en ese mundo
de las ideas del que en su conferencia Gibbs anteriormente citada se hacía
eco, y que lo que sucede es que la mente humana no ha llegado a penetrar
aún suficientemente en ella para ver claro y extraer con justeza cuáles
son los axiomas por los que se rige, pero que con el tiempo la mente verá
más claramente y entonces será capaz de discernir cuáles son los axiomas
que es preciso adoptar, pues son los de la realidad. La teoría de
conjuntos por tanto, es algo que está ahí, independiente de la mente
humana y que lo que hace la mente con ella no es más que observarla y
darse cuenta de su forma, de manera semejante a la que un botánico va
observando las diversas especies de plantas y las describe. Pero, si esto
es así, cómo explicar la posibilidad de establecer, por ejemplo, diversos
sistemas axiomáticos en geometría y en teoría de conjuntos, igualmente
legitimados desde el punto de vista del constructor lógico, y tales que el
sistema A resulta más adecuado que el B para manejar y explicar ciertas
situaciones mientras que el B es más adecuado para explicar otros aspectos
de la realidad? Cómo se puede afirmar a la vista de este fenómeno que
solamente uno de estos sistemas es el que posee la exclusiva de ser el
auténtico esquema de la realidad?
Quizás se pudiera modular el pensamiento de Gödel de la siguiente
forma. Se podría tal vez pensar que, como he afirmado antes, la realidad
es la motivación para que nuestro mecanismo mental construya diversos
modelos, esquemas mentales, que no son necesariamente impuestos por ella
ni por la forma de ser de nuestra propia estructura mental. En realidad
ninguno de los esquemas que construyamos va a agotar sin residuos la
realidad misma que pretende manipular y manejar. Por eso mismo la mente
es, hasta cierto punto al menos, libre en su construcción. La realidad nos
proporciona la ocasión. Nuestra mente la puede interpretar de diversas
formas. Y cuando hablo de realidad, como dije antes, me refiero también a
nuestra propia estructura mental, y muy principalmente a ella, ya que la
matemática se fundamenta de forma tan determinante en esta estructura
mental.
Por lo tanto, en este proceso de ajustamiento a la estructura fina de
la realidad, la mente, que forma parte ella misma de tal realidad, va
conformando estructuras propias que, espera, se adecúen cada vez mejor. La
mente actúa en esta interacción con cierta plasticidad y libertad. Ante
una misma etapa de la interacción mencionada la mente puede optar por
construir tal o cual sistema de axiomas (geometría euclídea o no-euclídea,
teoría de conjuntos cantoriana o no-cantoriana) e incluso es capaz de
desarrollarlos todos ellos independientemente por tenerlos en reserva, tal
vez a la espera de su posible aplicación cuando surja una situación que
convenga. Quizás se encuentre en el futuro en circunstancias en las que
uno de los sistemas que ha creado pueda proporcionarle ventajas en su
interpretación de algún aspecto de la realidad.
Esta visión de la matemática permanentemente en camino hacia una
comprensión más cabal de diferentes aspectos de la realidad y
construyéndose y perfeccionándose a sí misma en interacción profunda con
los aspectos de la realidad misma a los que dirige su contemplación está
plenamente en consonancia con las propias ideas de Gödel acerca del
carácter inagotable del quehacer matemático, y con la apertura estructural
del pensamiento de la matemática al misterio, como tendremos ocasión de
ver en detalle más adelante, al tratar, al menos someramente, la
significación del teorema de Gödel en la comprensión del significado de la
actividad matemática. Pero antes quisiera centrar la atención sobre un
punto interesante que de algún modo ya ha hecho su aparición en nuestra
exploración del modo como tiene lugar el desarrollo de la matemática. Cuál
ha sido la fuerza fundamental que ha empujado al matemático a modificar
las concepciones, en muchos casos bien arraigadas y aparentemente con
fundamentos bien seguros, en las que estaba asentado?
La paradoja como estímulo del progreso matemático.
Una paradoja es una situación a la que llegamos cuando, pensando
adecuadamente, a partir de ciertas premisas de las que nos parece no poder
tener ningún motivo para dudar, llegamos a una afirmación que, por lo
tanto, nos parece incontrovertible, y a continuación, pensando de otro
modo también indubitable, llegamos a una conclusión que contradice la
anterior. Una paradoja no es un sofisma. Un sofisma es un engaño más o
menos sutil. Una paradoja es una oportunidad para profundizar en nuestras
ideas y concepciones, ya que pone de manifiesto que hay algo en las
premisas que damos por perfectamente buenas que no hemos llegado a
entender correctamente. En cierta ocasión, trabajando con un grupo de
colaboradores sobre un problema difícil se le oyó musitar a Niels Bohr,
uno de los grandes científicos del siglo: "Magnífico! Hemos topado con una
paradoja. Ahora sí que podemos tener esperanza de progresar".
La paradoja de Galileo que hemos considerado antes (hay y no hay más
naturales que números pares) nos pone de manifiesto que el sentido de
ese hay más es ambiguo cuando se trata de conjuntos infinitos y
hace falta que nos pongamos de acuerdo sobre él antes de tratar de manejar
un conjunto infinito con cierto rigor. G.Cantor, al hacerlo, consiguió
abrir caminos hasta entonces insospechados para poder manejar de alguna
forma el concepto de conjunto infinito actual, hasta entonces
desterrado de la matemática. Solamente el infinito potencial era
admisible, es decir el conjunto de los números enteros no se podía tratar
matemáticamente como algo completo, en su totalidad realizada, sino como
algo que se hace.
En la historia de la matemática las paradojas importantes han
representado un verdadero cambio de rumbo en su evolución, al poner de
manifiesto que ciertas formas de pensamiento, hasta entonces por nadie
discutidas, resultaban conducir a una situación de es y no es
insostenible para la mente matemática. El que la proporción entre las
medidas de la diagonal y el lado de un pentágono regular no fuera
expresable mediante una proporción entre dos números naturales, es decir
la aparición del inconmensurable, del número irracional, dió al
traste con la creencia fundamental de los pitagóricos de que los números
naturales regían todo el universo, pero fue la ocasión para que se
enriqueciera la matemática con nuevos métodos para el tratamiento del
número (métodos de exhausción de Eudoxo). Las cuatro paradojas de Zenón
(Aquiles y la tortuga, la dicotomía, la flecha, el estadio) acabaron con
la creencia, también pitagórica, en la constitución atómica del espacio y
dieron ocasión para pensar mucho en la naturaleza continua del espacio de
la geometría.
En tiempos más recientes, en torno al comienzo del siglo 20, las
paradojas en torno a la teoría de conjuntos, la paradoja de Cantor (sobre
el conjunto de todos los conjuntos), la de Russell (paradoja del barbero),
de Richard (sobre los adjetivos autopredicables y heteropredicables), han
dado lugar a toda una revolución en torno a los fundamentos de la
matemática, que vino a tener una primera cima histórica con el teorema de
incomplitud de Gödel en 1931, que enseguida examinaremos un poco más de
cerca. Con esta revolución se puede decir que la matemática ha pasado a
ser, en lugar de la disciplina un tanto cerrada en sí misma que el
programa de Hilbert (con el que se pretendía demostrar que cualquier
proposición legítima del sistema matemático es un teorema o un
contrateorema) la hubiera convertido, una disciplina inagotable, abierta,
en perpetua expansión, camino de una mejor adecuación a la realidad.
Un aspecto interesante de las paradojas que hemos mencionado es que en
todas ellas está de alguna forma presente algún tipo de proceso que tiene
que ver con el infinito matemático. No es casualidad, ya que, como
tendremos ocasión de ver enseguida, el infinito matemático, presente en el
pensamiento matemático desde sus mismos orígenes, es lo que le proporciona
la profundidad que posee, aunque también constituye la raíz de los
problemas más profundos en los que se embarca.
Hacia la matematización del infinito.
Una barrera en el camino: el teorema de Gödel.
La presencia del infinito en la matemática constituye un reto
insoslayable. En la misma percepción originaria de la multiplicidad
presente en las cosas, en ese caer en la cuenta de la finitud (no soy
quien lo llena todo) y repetibilidad de la unidad presente en la propia
conciencia del yo (hay otros como yo mismo), en esos puntos suspensivos
que colocamos cuando empezamos a contar y decimos 1,2,3,... está ya
presente de alguna manera la percepción de la presencia del infinito en
nuestra mente.
Se trata de una presencia no temática, es decir no se hace ella misma
objeto al modo como se objetivan las cosas concretas del resto de nuestro
conocimiento, pero en realidad es esta presencia la que está dando
fundamento a nuestra posibilidad de conocimiento de lo que es finito. Lo
finito se recorta en lo infinito como en un horizonte. El infinito está en
nuestra mente a modo de un espacio en el que lo finito se destaca,
precisamente delimitándose a través de su propia concreción, mostrando así
que no lo es todo, que no lo llena todo. Y al mismo tiempo nuestro
conocimiento de los objetos concretos, de cualquier conocimiento de lo
finito, nos hace percibir la presencia de lo infinito de una forma que tal
vez se entienda mejor con la siguiente comparación. En la total oscuridad
de una habitación penetra por una rendija un rayo de luz que sale de la
habitación por otra rendija opuesta. Entonces no vemos el rayo de luz, y
no seremos capaces de percibir la presencia de ese rayo de luz a menos que
un objeto, o bien las partículas de polvo del aire, sean iluminadas por
ese rayo de luz. Al ver las partículas nos apercibimos de la presencia del
rayo de luz. De manera parecida, el infinito de algún modo presente en
nuestra mente posibilita y funda nuestro conocimiento de lo finito, y en
el conocimiento de lo finito y concreto nos apercibimos de esa presencia
del infinito.
El acercamiento con intención matematizante a esta estructura
primordial de la realidad (la multiplicidad) es lo que da lugar, a mi
parecer, al inicio de nuestras construcciones sobre el número. Y así se
puede decir que el infinito matemático ya está presente en nuestro más
primitivo contar 1,2,3,... Con el tiempo, y tras la familiarización con el
número, la mente comienza a hacerse preguntas sobre la naturaleza de esa
realidad presente en ella misma (por ejemplo, podemos considerar como un
todo acabado esa multitud que empieza con 1,2,3,... y que sabemos
perfectamente cómo se va construyendo? o bien no tiene sentido ninguno el
hacerlo?). Estas preguntas se hacen cada vez más sofisticadas. Como
ciertas de ellas conducen a situaciones paradójicas y posiblemente
confusas, tal como hemos visto antes, la mente se construye un esquema
hipotético, cuando es preciso incluso un sistema axiomático formal, con el
que aprende a tratar con más rigor la situación. Parece que todo funciona
satisfactoriamente. La mente adquiere cada vez más destreza y se atreve a
explorar más alla. Vuelven a aparecer otras situaciones paradójicas que le
hacen comprender que sus esquemas anteriores no dominan totalmente la
realidad para la que fueron construídos. Su visión actual de la situación
le sugiere algunas modificaciones de sus construcciones con las que los
nuevos problemas quedan solucionados...
A lo largo de la historia de la matemática, este tipo de proceso
reaparece una y otra vez, motivando el progreso del pensamiento
matemático. Los números irracionales aparecidos al margen de ciertas
construcciones geométricas, las paradojas de Zenón en torno al movimiento
y a la naturaleza continua del espacio, fueron motivaciones para construir
una nueva forma de manejar matemáticamente esta forma de infinitud. Los
desarrollos del cálculo infinitesimal, consolidados en un intenso trabajo
de multitud de matemáticos entre el siglo 17 y finales del 19, constituyen
nuevas formas de manejo del infinito matemático. La teoría de conjuntos de
Cantor, a fines del siglo 19 y principios del 20, constituyeron el
instrumento fundamental para tratar de dar rigor a estos nuevos esquemas
de pensamiento.
A principios del siglo 20, la teoría de conjuntos creada por Cantor,
sobre la que se intentaba fundamentar de forma rigurosa el edificio de la
matemática, parecía haber alcanzado una cierta madurez para tratar de
resolver una pregunta crucial, el problema de la decisión
(Entscheidungsproblem). Así se expresaba en 1925 D. Hilbert en un
artículo, precisamente titulado Sobre el infinito:
En cierto sentido la matemática se ha convertido en una corte de
arbitraje, un tribunal supremo para decidir cuestiones fundamentales sobre
una base concreta en la que todos puedan concordar y donde cada afirmación
sea controlable,... Un ejemplo del tipo de cuestiones fundamentales que
pueden ser tratadas de este modo es la tesis de que todo problema
matemático es soluble. Todos nosotros estamos convencidos de que realmente
es así. De hecho uno de los principales atractivos para atacar un problema
matemático es que siempre oímos esta voz dentro de nosotros: Ahí está el
problema, encuentra la contestación, siempre la puedes encontrar puramente
pensando, pues en matemáticas no hay ningún 'ignorabimus'.
(D. Hilbert, Über das Unendliche, Mathematische Annalen 95
(1925), 161-190).
Según el sentir de Hilbert, todos los matemáticos del tiempo estaban de
acuerdo en que, para cualquier proposición bien construída del sistema
matemático habría de existir o bien una demostración de ella o bien una
demostración de su negación porque en matemáticas no hay ningún
"ignoraremos", kein 'ignorabimus' in der Mathematik. La
demostración rigurosa de este hecho, que parecía estar fuera de toda duda
razonable, fue un objetivo principal del programa que Hilbert proponía.
Con ello se llegaría a establecer claramente esa condición de árbitro
supremo de la ciencia matemática.
No habían pasado 6 años cuando en 1931 K. Gödel daba al traste de forma
definitiva con el programa de Hilbert. Pese a todas las expectativas de
los matemáticos del tiempo, Gödel demostró que la situación real era
precisamente la contraria:
En cualquier sistema matemático suficientemente potente para que en él
se pueda desarrollar la aritmética de los números naturales existen
proposiciones P con perfecto sentido dentro del sistema que son
indecidibles, es decir P no se puede demostrar, pero tampoco no-P se puede
demostrar.
Este es el contenido del primer teorema de Gödel (1931) sobre la
incompletitud de la aritmética, que probablemente pasará a la historia
como uno de los resultados más importantes de pensamiento matemático, en
un artículo titulado Über folmalunentscheidbare Sätze der Principia
Mathematica und verwandter Systeme (Sobre proposiciones formalmente
indecidibles de los Principia Mathematica y sistemas relacionados).
Poco después Gödel demostraría además, como resultado complementario,
algo que hacía apreciar aún mejor la profundidad de su anterior teorema:
Una de tales proposiciones indecidibles es precisamente la que afirma
que en el sistema en cuestión no existen contradicciones.
Es decir, construyamos el sistema matemático que construyamos, con tal
tan sólo de que sea suficientemente potente para que en él se pueda
desarrollar la aritmética ordinaria, no podemos demostrar dentro de él que
nunca van a surgir proposiciones contradictorias, es decir no podemos
estar seguros de que en él no va a resultar que P es un teorema a la vez
que también no-P es un teorema, lo cual naturalmente invalidaría
totalmente el sistema, ya que cualquier afirmación y su negación serían
igualmente demostrables.
Examinaremos a continuación algunas de las consecuencias de este
enfrentamiento con el infinito, que tiene una cima importante para
nosotros en el teorema de Gödel, especialmente las que tienen relación con
nuestra exploración sobre el triángulo mente-realidad-matemática.
Trataremos de recapitular brevemente lo que revela en relación con la
concepción de la matemática como proceso de acercamiento a la realidad y
señalando especialmente el carácter de la matemática como ciencia abierta
que sugiere.
El acercamiento de la mente a la realidad
Una apertura de la matemática a la trascendencia?
Hemos visto cómo la mente, en el comienzo mismo de su matematizar, ya
en el más primitivo contar, se hace cargo de la presencia, de un modo muy
peculiar, en su misma estructura, del infinito. Esta presencia es
precisamente la condición de posibilidad de nuestro conocimiento de lo
finito, sin ser ella misma abordable de la misma forma que los demás
objetos de nuestra mente. Se podría decir que es lo inabarcable, lo
misterioso o, en palabras de L.Wittgenstein, lo inexpresable. Tal
vez a esta situación aludía él mismo en una página de sus
anotaciones:
Lo inexpresable (aquello que me parece misterioso y no puedo expresar)
proporciona tal vez el fondo sobre el que alcanza sentido aquello que pude
expresar.
(L.Wittgenstein, Vermischte Bemerkungen, Werkausgabe Band 8,
Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main, p.472)
Das Unaussprechbare (das, was mir geheimnisvoll erscheint und ich nicht
auszusprechen vermag) gibt vielleicht den Hintergrund, auf dem das, was
ich aussprechen konnte, Bedeutung bekommt.
El intento de matematización de esta realidad ha conducido a la mente,
tras el trabajo de muchos siglos, a través de numerosas crisis y
profundizaciones sucesivas, al convencimiento de que el quehacer propio de
la matemática es una actividad necesariamente abierta, inagotable
escribe Gödel, en el sentido de que nunca puede darse por concluída. Esto,
me parece, es bien congruente con la concepción de la matemática que antes
he apuntado, como un proceso de permanente acercamiento a una realidad que
siempre va a presentar nuevos parajes por explorar, acercamiento que se
realiza gracias a la interacción constante con la realidad misma y a la
inmensa flexibilidad de nuestra propia mente en este ejercicio de
adaptación.
Parece, pues, que el pensamiento matemático comporta varios aspectos
que lo hacen muy interesante desde el punto de vista de la relación del
hombre con la realidad global del mundo y que son los que, a mi parecer,
explican algunas posiciones intelectuales de muchos matemáticos que pueden
resultar bien extrañas para quienes nunca han pensado en tales aspectos.
De varias maneras, en efecto, tiene lugar en algunos de los matemáticos
que más han reflexionado sobre el sentido profundo de su ciencia, una
apertura hacia la trascendencia que no les parece en absoluto estar en
contradicción con su quehacer matemático, sino incluso fundamentada en
ella misma.
Cuál puede ser el sentido de esta apertura a la trascendencia? Será
bueno, para comenzar, tratar de delimitar cuándo podemos responder
afirmativamente sobre la existencia de una tal apertura a la trascendencia
desde el mismo quehacer de la matemática. Tal vez, pienso yo, se puede
hablar de tal apertura cuando al reflexionar sobre ese quehacer el hombre
encuentra en él mismo indicios, pistas, que hacen pensar a quien
matematiza que hay algo o alguien en el universo más allá de
él mismo, es decir que es más, que sabe más, que puede más, que fundamenta
de alguna manera lo que él encuentra, su misma actividad creativa, por
lo que o por quien, según podemos barruntar, la naturaleza se
sostiene de algún modo, que está realmente ahí, que es misterioso para
nosotros y ante el cual, en principio, nuestro papel consiste en guardar
un silencio respetuoso y expectante ante la posibilidad de que se
comunique de alguna manera más cercana. Se dan tales elementos en la
actividad matemática?
Un poco más arriba hemos tenido la oportunidad de considerar las
palabras de Charles Hermite, uno de los grandes matemáticos del siglo 19,
repetidas con solemne aprobación por Gödel, sobre el origen divino del
mundo de las ideas matemáticas. Enseguida tendremos ocasión de escuchar
algunos testimonios semejantes. Se puede dar alguna explicación plausible
sobre el origen de tales afirmaciones rotundas?
Por una parte en la mente matematizante se da un cierto grado de
libertad. Lo que la mente observa de la realidad que pretende matematizar
le guía en sus construcciones, pero no le compele de modo absoluto hasta
el punto de privarle de toda autonomía. La realidad observada le permite,
en muchas ocasiones, una variedad inmensa de elecciones. Esto indujo a
Cantor a afirmar que la esencia de la matemática radica en su libertad,
y en ella defendía con insistencia algunas de las, en su tiempo,
controvertidas construcciones de su teoría de conjuntos. Pero por
otra parte, ante esa misma realidad el matemático tiene la sensación de
encontrarse con que esa realidad tiene su estructura propia, su solidez
peculiar que se le impone en muchos aspectos, que es algo que está por
encima de su propio arbitrio.
Esta situación explica, en primer lugar, la polémica permanente sobre
si la matemática se crea o se descubre. En mi opinión, de acuerdo
con la concepción ya considerada de la actividad matemática, el matemático
atiende a la realidad y, con ella como referencia, construye los esquemas
que, espera, se adaptan a mejor a ella, y permanece abierto a la
posibilidad de mejorar su forma de aproximación a esa misma realidad. La
matemática, en algún sentido, por tanto, se crea y se descubre. Hay
estructuras de la realidad que podemos dar por definitivamente
establecidas, descubiertas, por ejemplo que 2+2=4, y otras que la mente ha
establecido, creado, como acercamiento suficiente, al menos en un primer
intento provisional, y que también tienen su valor, incluso en el caso de
que se observe más adelante que otras diferentes pueden servir mejor para
explicar la realidad.
Esa solidez y fortaleza de la realidad matemática, que se resiste de
algún modo a posibles manipulaciones arbitrarias, y a los intentos de un
falso encasillamiento, que la mente matemática colectiva y también el
matemático individual en su propio trabajo experimentan tantas veces, son
tal vez la raíz de las consideraciones en torno a la trascendencia que
llevaron a los pitagóricos a contemplar la matemática como escala hacia la
divinidad. Al contemplar la fuerza independiente y autónoma de las
relaciones que en la matemática se crean-descubren, el matemático puede
quedar plenamente convencido de que está percibiendo la presencia de algo
superior a él, que le precede a él en inteligencia y cuyas huellas le
parece estar siguiendo en todo su esforzado y laborioso trajín. Esto no ha
sido tan sólo un convencimiento del pitagorismo primitivo.
A mi parecer, la afirmación de Hermite (y Gödel), sobre el origen
divino del mundo de las ideas matemáticas, provienen de la percepción,
tal vez sin explicitar ni fundamentar más pormenorizadamente, de esta
solidez y rotundidad de los objetos que la mente humana encuentra en su
tarea de matematización. Para Gödel, según cuenta Hao Wang, uno de los
matemáticos que mejor le han conocido, la tarea de construir una
religión racional, basada en su pensamiento lógico-filosófico,
constituyó uno de los núcleos importantes del trabajo filosófico de más de
los últimos 30 años de su vida. Su teísmo no era como el de Einstein,
quien creía en el Dios de Spinoza, no personal. Para Gödel, en
palabras de Wang, Dios era más que persona, en consonancia tal vez
con la teología negativa de muchos de los místicos de todas las
tradiciones, según la cual, nuestras afirmaciones sobre Dios deben ir
acompañadas de una confesión de nuestra ignorancia sobre él.
Entre los personajes de la matemática del siglo 20 en cuyos escritos
científicos ha quedado plasmado explícitamente algún tipo de percepción de
esta apertura a la trascendencia que venimos comentando se encuentra
L.Wittgenstein. En la segunda parte de su Tractatus, la parte que se
denomina mística, se encuentra una buena porción de pensamientos con tal
orientación, expresados, eso sí, en el estilo un tanto sibilino que
caracteriza todo el Tractatus. Estos pensamientos ponen de relieve cómo la
intención profunda de Wittgenstein en su obra era, como él mismo decía,
ética. He aquí una muestra extraída de esta segunda parte:
6.52 Percibimos que, incluso aunque todas las posibles preguntas
científicas sean contestadas, los problemas referentes a nuestra vida no
han sido tocados en absoluto. Es cierto que precisamente entonces no queda
ninguna pregunta; y exactamente esto es la respuesta.
6.521 La solución del problema de la vida se caracteriza por la
desaparición de este problema (No es éste el motivo por el que personas
para quienes el sentido de la vida resultó claro tras largas dudas no
pudieron decir en qué consistía este sentido?) |